Alejo Marcelino Noutz: Un sacerdote y educador francés que amó al Paraguay

Imagen: Marcelino Nouz, diseñado por Enzo Pertile.

El religioso católico Alejo Marcelino Noutz (1892-1963), oriundo del sur de Francia, fue un gran formador, además de músico y literato. Vivió gran parte de su vida en el país. La canción Patria Querida es su gran legado.

Por Sergio A. Noé Ritter

Uno de los testimonios biográficos más cercanos y fidedignos de la vida del reverendo Marcelino Noutz se encuentra en el libro Historia del San José, escrito por el padre César Alonso De las Heras, quien fuera en vida uno de sus hermanos en la congregación religiosa a la que pertenecían.

Pese a las escasas páginas dedicadas a Noutz, De las Heras y otros historiadores ven en el religioso a un gran hombre y educador de varias generaciones.

Noutz nace en Eaux-Chaudes, en la zona de Béarn y Pirineos Atlánticos, situado al suroeste de Francia, el 7 de enero de 1892.

“Su infancia es alegre y vivaz, en esos valles hermosos que imprimirán para siempre en su alma el amor a la naturaleza. Le gustaba contar pintorescos cuentos de su infancia y de su adolescencia”, relata Alonso De las Heras.

Tras manifestar su vocación al sacerdocio, recibe su formación de bachiller y de seminarista en la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram.

Debido al cierre de las congregaciones religiosas en Francia en aquellos tiempos, culmina su secundaria en el Castillo de Lesves (Bélgica), según los datos consignados por el padre César.

Sus estudios de filosofía y teología los realiza en Belén, Palestina, pero sin culminarlos. Deja ese lugar en 1914, a instancias del gobierno turco, que expulsa a los religiosos.

La salida del Medio Oriente lo hace viajar por Beirut, Damasco y Líbano, hasta recalar en Pireo y Atenas (Grecia), y luego desembarcar en Brindisi, ciudad sureña de Italia, situada a orillas del mar Adriático.

A inicios de 1915, llega a Roma, para luego trasladarse a España, donde en Fuenterrabía acaba sus estudios. Su ordenación sacerdotal lo realiza en 1917, en Vitoria (España), capital en aquella época del País Vasco.

EN PARAGUAY. En 1918, en plena Primera Guerra Mundial (1914-1918), un grupo de religiosos de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram, llega al país. Entre ellos estaba el padre Marcelino Noutz.

Este religioso, así como sus compañeros, son destinados al tradicional y hoy centenario Colegio de San José de Asunción, fundado en 1904.

En ese entonces, los liberales ejercían el gobierno nacional y se sucedían las guerras civiles.

Pronto, Noutz llegó a querer al país, a su juventud y en especial, a su colegio. Allí, se dedicó, con gran fervor y pasión, a la educación de una camada de paraguayos.

Se oye decir a De las Heras que Noutz era diligente y entusiasta en todo, e incluso, un buen poeta, músico y maestro.

Noutz, que adoptó como propia esta nación, acompañó de cerca las vicisitudes de la patria, entre ellos, la Guerra del Chaco (1932-1935). Incluso, el religioso hizo suyo la pena y tragedia de los combatientes, además de festejar las victorias contra Bolivia.

Durante los triunfos de la contienda chaqueña, cuenta el padre Alonso De las Heras, los alumnos “salían a la calle a cantar a plena voz ‘Patria Querida’. En una ocasión, llegados al hospital militar, alzan a Noutz en una silla, y en medio de un indescriptible entusiasmo exaltan con épico acento el valor y el denuedo del soldado paraguayo”.

Aunque Noutz compuso también otras canciones, solo Patria Querida logró arraigarse en el caro afecto de los paraguayos, que consideran al canto un himno de alto valor patriótico.

Su faceta musical: Patria Querida

“Patria querida somos tu esperanza, somo la flor del bello porvenir…”, reza parte de la estrofa del estribillo del canto, que sin dudas, inmortalizó al reverendo Noutz.

Se trata de El himno a la Raza, más conocido por todos como Patria Querida. La canción se presentó oficialmente en una fiesta olímpica organizada por el Colegio de San José, el 12 de octubre de 1923.

El sacerdote Alonso De las Heras nos relata que en el evento, efectuado en la cancha del club Olimpia, en el Parque Caballero, asistieron unos 200 alumnos.

También acudieron al acto el presidente de la República, ministros y altas autoridades de aquel entonces. Sigue añadiendo De las Heras, que los juegos comenzaron a las 15.45 y se extendieron hasta las 18.30. Tras el término del acto, vino la grata sorpresa.

Se ejecutó Himno a la Raza —que quedaría con el nombre definitivo de Patria Querida—, con letra de Noutz.

La melodía se inspiraba en la célebre marcha francesa de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), conocida como La Madelon. El religioso tuvo como gran desafío adaptar su letra a la métrica que le exigía la música.

Según De las Heras, “se consiguió acompañamiento de piano y el padre Bordenave -entonces director del Colegio de San José- había obtenido del ministro de guerra el concurso de la banda militar. El director de esta banda -el recordado maestro Remberto Giménez- hizo la armonización”.

Y agrega quien fuera su colega: “En la víspera se hizo un ensayo general y todo quedó listo para el 12 de octubre (de 1923) con la letra al dorso del programa. Las voces de los 200 alumnos se elevaron así sostenidas por la banda militar: pasó un viento de entusiasmo y un escalofrío a flor de piel en toda la concurrencia. Truenan los aplausos por doquier y los alumnos desfilan orgullosos entre las dos hileras de la multitud que sigue aplaudiendo”.

Este estreno musical, descrito con lujo de detalles por Alonso De las Heras, solo llega a transmitir parte del gran impacto que causó a los oyentes de aquella época.

Desde entonces, el padre Noutz ya llegó a vislumbrar en vida la música que fuera de gran predilección por el pueblo paraguayo. Gracias a este legado, el patriotismo se vio enaltecido.

Anécdotas

• En su faceta de escritor, se destacó como poeta, además de dejar un sinnúmero de sermones registrados. Gran parte de sus trabajos, sin embargo, están extraviados.

• Escribió en publicaciones estudiantiles y en 1926, con motivo al centenario del nacimiento del Mariscal Francisco Solano López, obtiene el segundo premio en los Juegos Florales, por su poema denominado Resurrección. Formaban parte del jurado, Pedro P. Peña y Manuel Domínguez.

• Entre sus obras también figura el tomo de versos Cantos de la Patria y del Hogar, publicado en Asunción, en 1929.

• También redactó piezas poéticas como Pitiantuta, Colecta de oro (escritas durante la Guerra del Chaco), entre otras más.

• Tras unos incidentes con el gobierno liberal -después de la Guerra del Chaco-, varios sacerdotes -entre ellos Noutz- de la congregación del colegio de San José fueron acusados de guardar simpatía con sectores opositores al Estado, y por tanto, expulsados del país.

• Noutz volvió al Paraguay y en 1942 festeja sus bodas de plata sacerdotales, en medio de la comunidad y un grupo de ex alumnos, quienes le rinden un afectuoso homenaje.

• Ya cerca de su muerte, en 1962, Noutz recibe una medalla de oro de los Asociación de Ex Alumnos del Colegio de San José.

• Tras sufrir una larga enfermedad, que lo lleva a duros padecimientos, el religioso fallece en Asunción, el 2 de marzo de 1963.

• Fue miembro de número del Instituto Paraguayo de Investigaciones Históricas.

• En memoria de su gran legado musical, una de las calles de Asunción lleva el nombre del religioso.

• Actualmente, al ingresar al Colegio de San José, puede verse en uno de sus murales la inscripción del recordado cántico marcial.

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